martes, 22 de febrero de 2011

CRÍTICA BLACK SWAN (CISNE NEGRO)



Como ya comentábamos hace relativamente poco, el 2011 comenzó con un buen surtido de películas atractivas donde elegir, películas que semana a semana han ido aportando calidad a la cartelera y una variedad donde escoger dentro de la misma. A menudo nos encontramos frente a las salas de cine con dudas sobre que ver y nuestras opciones no son siempre atractivas o tienen una calidad suficiente como para merecer el precio de una entrada.

Por suerte esto no ha ocurrido y hemos vivido 2 meses cargados de películas interesantes que ver en el cine, aunque servidor lleva esperando la que hoy nos ocupa desde hace demasiado tiempo. 
Las expectativas estaban altas, Natalie Portman ha arrasado literalmente con todos los premios posibles de interpretación por su papel en Cisne Negro, no solo tiene el globo de oro adornando la estantería de su casa, es también la mas clara opción para llevarse también el oscar.

Por otra parte la película, nominada a 5 estatuillas, siendo de hecho algunos de los mas potentes: Mejor actriz, Director, Película, Fotografía y Edición, se verá las caras con algunos de los films mas laureados por crítica y público del pasado año. ¿Puede Cisne negro batirse justamente con el resto de candidatas?, ¿Debería llevarse la mayoría o totalidad de premios a los que está nominada?. Mi respuesta es un claro, rotundo y exclamado SI.

He de admitir que mis expectativas, por altas que estuvieran antes de su visionado han sido ampliamente superadas, de hecho servidor salió tan absolutamente fascinado del cine que sus primeras palabras fueron "¿cómo voy a hacer la crítica de semejante bestia fílmica?". Supongo que con semejante comentario podéis considerar lo impactante que resulta la cinta. 

Aronofsky ha deambulado entre distintos géneros cuyo único nexo común ha sido siempre la presencia de un protagonista perturbado y obsesivo. La obsesión es de hecho el potente motor que da a sus films ese estilo tan personal y atractivo. 

Cisne negro parte de esta misma base presentándonos a Nina Sayers, una dedicada bailarina de ballet que realiza la audición para interpretar el papel de la reina cisne en la archiconocida obra El lago de los cisnes, obra que incluye el papel del cisne blanco y cisne negro, dos estilos completamente opuestos de expresión y danza, siendo uno delicado y frágil. El otro, agresivo, sensual, excitante y peligroso. La personalidad delicada, dulce y serena de Nina la convierte en una candidata perfecta para interpretar al cisne blanco, pero en ésta versión del Lago de los cisnes, el director busca a una bailarina capaz de viajar entre esos dos extremos opuestos.
Partiendo de esta premisa, Aronofsky narra una historia de obsesión, de una enfermiza e inquietante obsesión por la perfección, por los detalles y sin duda por el éxito que conlleva dicha perfección refiriéndonos al mundo de la danza de ballet. 

No queremos desvelar detalles reveladores de la trama , para que el film sea todo lo inesperado e impactante que puede resultar y os aseguro que lo es mucho. La película en sí misma tiene un crescendo tan absolutamente delicioso y perfecto que se hace imposible encontrar en su ritmo algún punto flojo. La obsesión de Nina nos atrapa, convence y mantiene pegados a la butaca absorbidos por su magnética locura y desesperación. 

Aronofsky se toma libertades suficientes para explorar la psicología mas profunda de la protagonista, su sexualidad sin concesiones (algo que no deja de sorprender dada la cantidad de censura que vivimos hoy en día) y multitud de perturbadores efectismos que nos erizará la piel y pondrá sobre aviso de que algo grande está por ocurrir...

Es entonces cuando, tras un inicio interesante, se despierta un nudo repleto de contenida tensión, una tensión que invade al espectador de forma abrumadora hasta el punto de provocar desconcierto y en ciertos momentos, algún susto que otro. Este marco del suspense con un ligero aroma a terror da paso a un último acto en el que Aronofsky toma directamente al espectador de la mano y lo empuja a montar en una montaña rusa de sensaciones de dureza y locura que llevará mas de una mano a la boca, hasta culminar en el final mas redondo, sublime y perfecto que una película podría tener. Es precisamente en este instante, cuando aparece el nombre del director en pantalla, donde se confirma lo que veníamos suponiendo desde su inicio, Cisne negro no es una película cualquiera. Es una absoluta y tremenda obra maestra del cine, que no lo es por su delicioso inicio, su magnético nudo o por su brutal desenlace, lo es por su magnífico conjunto que sobrecoge de forma exquisita,por su perfección total y por la sensación que provoca cuando las luces de la sala se encienden. La sensación de haber vivido algo distinto y difícil de encontrar en cualquier otra película a corto plazo. 

No puedo sino aplaudir la dirección tan tremenda de Aronofsky, su osadía, su libertad de expresión y su valor para realizar semejante barbaridad con solo 13 millones de dólares (cifra que es sueldo de muchos actores y actrices). Algo que de nuevo pone de manifiesto que menos es mas, que el dinero no determina calidad y es sin duda el inteligente empleo del mismo el que demuestra la verdadera habilidad del director de cine. 

Sin embargo, Cisne negro no sería nada sin ella. Natalie Portman és la película y pese a estar acompañada por un equipo de secundarios igualmente perfectos, entre los que destacamos a Mila Kunis, Winona Ryder o Barbara Hershey, es ella quien provoca el mayor impacto. Natalie nos brinda la que podemos asegurar sin temor a equívoco, es una de las mejores interpretaciones femeninas de la historia del cine. Simple, pero no sencillo. 

El papel de Nina Sayers requiere una preparación exhaustiva que bien es sabido llevó a Natalie a momentos de absoluta desesperación, 5 horas de clases de ballet diarias y un viaje a una psique tan compleja y destructiva como la de la protagonista, que pueden suponer un esfuerzo titánico para cualquier actor/actriz por experimentado que éste sea. Es cierto que el papel es un innegable caramelo para cualquiera, pero sin duda, ella exprime todo su sabor, todos sus matices y toda su capacidad. 

La expresión de su rostro, cada llanto y cada momento de rabia es representado con impactante acierto y espontaneidad, algo que cualquier buen actor debería poder hacer, pero Natalie Portman lo lleva todo un paso adelante poniéndose a si misma al límite, asumiendo la identidad de Nina Sayers y haciéndonos olvidar a la actriz por completo. 

Existen multitud de momentos en los que podemos quedarnos con la boca abierta ante su habilidad interpretativa pero es definitivamente en el último tercio final en el que la interpretación de la actriz nos dejará boquiabiertos. 
De nuevo es imposible encontrar algún punto flojo en este caso. 

El guión por lo tanto y como no podría ser de otra manera es una pieza tan sólida y perfecta como no podría ser de otra forma tras hablar de la magnífica interpretación de sus actores. La historia es narrada con gran acierto y como hemos mencionado anteriormente, con un ritmo pausado y ascendente que se antoja perfecto para el estilo y carácter general de la cinta.

La fotografía cumple de nuevo de forma excelente con planos para el recuerdo, con una visión intimista, sencilla y real del mundo del ballet. Cámara en mano, mucho grano en la imagen y ciertos momentos artísticamente deliciosos. Mención especial de nuevo al final del film, donde Aronofsky y cia. echan leña al fuego y crean una llamarada de excelencia audiovisual sin precedentes. 

La banda sonora acompaña al film también de forma excelente (una palabra que se me antoja realmente difícil de ver tanto en una sola crítica) potenciando los momentos de tensión y suspense y elevando la calidad artística general de la película por medio de suaves temas de piano o inquietantes melodías disonantes en los momentos mas perturbadores. 

En definitiva y aún a riesgo de ser exageradamente redundante. Cisne negro es una pieza cinematográfica única, especial y excelente en todos los sentidos, que es desde ya, un clásico del cine moderno con una de las mejores interpretaciones de la historia del cine que consigue agotar todos los elogios existentes. 


NOTA: 10/10

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