La última vez que hablamos de
Glee, comentábamos que la serie sufría un acentuado desgaste en cuanto a
calidad, que se vio reflejado claramente con la bajada constante de audiencia.
Pero teníamos el presentimiento de que el flojo comienzo de la temporada, que estaba lejos de ser de los mejores capítulos de la serie, daría con grandes
capítulos más adelante.
El problema principal de la serie
de Ryan Murphy es haber perdido su identidad y su propósito, debido a que si
algo gustaba de Glee era esa crítica mordaz e ingeniosa al género al que
pertenece, tiraban de clichés para reírse de sí mismos. Pero después de una
gran primera temporada, y una irregular segunda, los creadores se comenzaron a
tomar demasiado en serio la serie, potenciando el drama restando comicidad, y
cayendo en picado.




